domingo, 20 de marzo de 2016

Ayer pude ver un video, filmado en Brasil en el cual aparece un diálogo entre dos personajes:el señor Lula Da Silva, ex presidene de Brasil y el indeseable e impresentable señor Fernando Lugo, hoy, lamentablemente, senador de la República del Paraguay, que merece mejores representantes. 
Habrase visto mayor descaro, el último de los nombrados, acudió a "consolar" a un político de raza (con cuyas ideas no coincido, en razón de que él es marxista y yo no) pero un señor, que hasta las últimas denuncias conocidas,  no parecía merecer reproche alguno, por su conducta pública.  
Los dos han sido protagonistas de gobiernos populistas de izquierda. Uno termino con éxito su mandato, al menos el primer tramo, no mereció el reproche de sus connacionales, hablo de Lula, y,  el otro acabó -como todo lo que emprendió en la vida- de modo vergonzoso su mandato, por "juicio político del pueblo del Paraguay" contra Lugo, en base a  una serie de irregularidades que se enumeraron en las causales y fue destituido con la prolijidad y civismo que caracteriza al pueblo del Paraguay desde que ingresó en las democracias contemporáneas.
Y, ahora explico lo del descaro: durante la grabación se escucha al renegado apóstata Lugo, decir a Lula, que (no es textual) "se hace cargo de la situación en que se encuentra y que le habla desde su experiencia de 30 años como  sacerdote y obispo", como que!?, me pregunto y se preguntaran tantos, le habla desde aquellas investiduras que mancillo con su conducta licenciosa, lasciva, escandalosa y que da vergüenza ajena?, así le habla este hombre que tiene la soberbia encarnada de no poder desaparecer silenciosamente de la esfera pública, porque su debilidad es el poder y la carencia total de vergüenza. Le habla como aquello que arrastró por el barro de la impureza y la infidelidad públicas, haciendo un enorme daño a la Iglesia y al pueblo del Paraguay?
Realmente si no conociera las agachadas de tan tamaño personaje, sería para soltar una carcajada. Sin embargo no puedo reírme de un hombre que, no sólo no pudo ser fiel a su vocación original, nunca se sabrá su auténtica en un principio, sólo él y Dios lo saben,  sino que tampoco pudo ser fiel, ni siquiera,  a una de las tantas mujeres a las que manchó con su vulgaridad y con las que engendró no se sabe bien cuantos hijos.
Realmente, esto es para el anecdotario de los sinlímiteséticos con los que nos estamos encontrando, cada vez con más frecuencia, entre los hombres y mujeres de la política de finales del siglo XX y lo que va del XXI, particularmente en América Latina. Lease: Chavez, Maduro, Bachelet, Cristna Kirtchner, Correa, etc.
En nombre de la pacífica y cristiana convivencia, me atrevo a pedir a don Lugo, por favor, no invoque más ninguna de las investiduras a las que deshonró, limítese a decir, si quiere tener un gesto de comprensión con alguien, que lamenta lo que le pasa, como ser humano que es, pero nada más, usted igual que yo y todos los mortales, no es más que un pobre pecador, pero con el agravante de que usted revistió un calidad religiosa que pertenece a los elegidos de Dios, pero si fue elegido: fue infiel y si no fue elegido y lo simulo: fue un farsante. No diga más que habla como lo que no supo ser, diga que habla como lo que es, un pobre hombre, igual que yo, soy una pobre mujer que carga con sus defectos y luchas, pero no tengo títulos o galardones que presumir, porque no me han sido otorgados.
               Dra. Nereida Brumat Decker       

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